Hay una pequeña piedra en mi camino y no tengo la menor idea de lo que puedo hacer para evitarla. Tan solo está ahí, a la distancia perfecta para que mis pasos terminen y yo caiga. Está ahí como invitándome al tropiezo a pesar de estar el resto del camino completamente despejado. Pensando las cosas un poco mejor, una simple piedra en mi camino no puede hacer nada. De igual forma, siento que voy a caer, lo siento…creo que en realidad eso es lo que quiero…estar en el suelo…
Hay 2 maneras para que yo termine en el suelo: La primera es agacharme y posar mis rodillas sobre la tierra, lego mis manos y, finalmente, el resto de mi cuerpo. Este tipo de caída se caracteriza por la suavidad. La segunda manera es tropezarme, este tipo de caída se caracteriza por la violencia de la caída y el dolor que esta causa…por algún motivo yo prefiero la segunda.
Tengo esta tendencia a estrellarme contra todo tan solo porque quiero…y estoy empezando a creer que ya es hora de hacerlo una vez más. Hoy es un día nublado y frío, me siento más lúcido que nunca y, por alguna razón, no aguanto más mi estado actual, quiero regresar al suelo, quiero dejar de correr silbando por este amarillo camino, quiero regresar al suelo. Quiero dejar de sonreír, quiero dejar de escribir y estar así, feliz, ya ha sido demasiado tiempo y necesito caerme (tropezarme, chocar contra) el piso.
Sé que hasta ahora suena como si la caida fuera algo placentero para mí, pero es todo lo contrario, no se siente nada bien. Estar así, sentirse mal, encerrarse, querer estar solo, quedarse callado y estar todo el tiempo como “casi llorando”. Caminar como si estuviera cargando una pesada carga, eso no puede ser bueno. Dormir demasiado, no hacer lo que tengo que hacer y no querer hacer nada, pelear con todos, convertirme en un paria de nuevo y hacerme, por un tiempo, realmente desdichado.
Que extraño es querer caer violentamente, de un dia para otro y sin ninguna razón (¿Por qué mientes? Ya encontraste una!). La verdad es que ya hay una razón y, aunque no la creo y se que es verdad, es mi razón para caer. La verdad, la única verdad, es que me muero por estar triste.
No puedo creer que hayan vuelto esas ganas que solían venir cuando estaba en un cuarto piso y mirando hacia abajo. Es la prueba de que yo puedo cambiar de un día para otro. Por algún motivo que sí entiendo y que no quiero decir, esa prueba me averguenza mucho. Esas ganas de dejarme caer que hace tanto tiempo no sentía y que, la verdad, tampoco extrañaba, ha regresado. Yo no quiero estar triste, pero siento que es hora.
Sí, que idiota debo ser para querer algo así pero, ¿Qué puedo decir? A veces necesito hacer todo lo posible para que venga alguien a levantarme del suelo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario