Toda la vida me he considerado un ser extraño, siempre. Cuando era chiquito me caían muy mal los otros niños y no jugaba con ellos. Cuando ya no era tan chiquito y al resto le gustaban los deportes, a mí ni me importaban, me parecía aburridísimo correr tras una pelota. Siempre me preguntaba ¿Cómo se pueden divertir haciendo eso? ¿Cómo les puede hacer tan feliz una tontería así? Me moría de ganas de ser más grande y hacer otras cosas, “cosas de grandes”, ser más libre para hacer lo que quisiera y ser más feliz. Lamentablemente un niño a los 12 años no puede hacer lo que quiere porque siente la culpa de no estar siguiendo lo que debe ser. Supongo que, de alguna manera, quería ser adolescente…tremenda estupidez el querer eso.
Finalmente llegó la adolescencia, finalmente era libre para hacer lo que quisiera, para liberarme. Comencé a experimentar nuevas cosas, comencé a buscar esa felicidad que tanto quería. No puedo negar que me divertí mucho, pero creo que solamente conseguí chispazos de felicidad, nunca llegué realmente a sentirla. Pasaron los años y más o menos a los 18 años me rendí, dejé de buscar la felicidad, había comenzado mi fase pesimista de la vida. Sentí que la felicidad era inalcanzable, no solamente para mí, sino que era inalcanzable para todos. Pero algo tenía que haber, algo, cualquier cosa, si la felicidad no era posible algo más debía existir. Llegué a la conclusión de que de repente solo tenía que conformarme con la búsqueda y nunca con conseguir la felicidad. Me resigné a no ser feliz nunca y a conformarme con un proceso de búsqueda de algo que no se podía encontrar. Podía reírme mucho, estar alegre en un momento, pero la felicidad era otra cosa, para mí la felicidad tenía que ser algo más, algo irreconocible, algo único que yo no sentía en ese momento. Resignadamente, pensé que jamás la sentiría y, aunque me parecía tristísimo pensar así, no podía pensar de otra manera. Sin embargo, hace unos meses, muy pocos meses en verdad, algo pasó ¿tienes idea de lo que pasó?
Yo siempre he creído que, a pesar de que todos digan lo contrario, no soy una buena persona. No tengo ni la menor idea de qué es eso que me hace sentir así sobre mí mismo, pero es lo que siento. Para mí una mala persona solo puede ser calificada así por el daño que le hace a alguien más, pero a nadie le he hecho daño. He llegado a pensar que de repente al único al que le hago daño es a mí, como si yo solo me hundiera y, la verdad, no me importa mucho hacerme daño a mí mismo. Sé que debería importarme, pero no es así, es como si no valiera la pena cambiar para hacerme un bien a mí mismo. Sin embargo, nuevamente, hace unos meses, pocos meses, algo pasó ¿tienes idea de lo que pasó?
Te he hecho dos veces la misma pregunta: ¿Tienes idea de lo que pasó? La respuesta es sencilla, lo que pasó fue que te conocí y no pudo haber sido en un mejor momento.
Las personas se pasan la vida entera tratando de hacer cosas espectaculares que les hagan conseguir la felicidad y no lo logran. Yo traté de hacerlo y tampoco lo logré. Sin embargo, a veces las cosas se encuentran en donde menos te las esperas. Las puedes encontrar caminando, hablando, tomándole la mano a alguien más y en cosas simplísimas que son las que abundan en la vida. Es como si tuviéramos un millón de oportunidades para llegar a ser felices y no aprovecháramos ninguna, lo que es un desperdicio total. Te conocí y me di cuenta de eso. Yo puedo ser feliz caminando al lado de alguien, conversando con alguien y tomándole la mano a alguien. Todas estas son actividades que aprendí siendo muy pequeño. Quiere decir que ya desde pequeño tuve la oportunidad de ser feliz y no la aproveché por no hacerle caso a la simpleza y por buscar la complejidad que siempre buscamos los “adultos”. A veces creo que me arrepiento de haber deseado tanto crecer, pues ahora me doy cuenta de que yo puedo ser feliz haciendo exactamente las mismas cosas que hacía cuando era un niño pequeño…yo soy feliz caminando, conversando y tomándole la mano a alguien…yo soy feliz caminando a tu lado, conversando contigo y tomándote de la mano…
Yo quiero ser una buena persona y si ya lo soy, quiero sentirme como una buena persona. Quiero cambiar lo que sea que me haga sentir lo contrario. Quiero eliminar esa parte que me hace tanto daño ¿quieres saber por qué? Yo sé que no le hago daño a nadie, pero quiero eliminar hasta la más mínima posibilidad de que eso que me hace daño le haga daño a alguien más. Quiero hacer todo lo que sea necesario para evitar que esa parte que no está bien te haga daño porque yo no quiero hacerte daño. Lo que yo quiero es tratar de hacerte un poquito más feliz, lo que yo quiero es cuidarte y conservarte tal y cómo eres, una muy buena persona que despierta en mí las ganas de ser alguien mejor porque solo así podré estar más cerca de ti, porque solo así puedo hacer que estés más cerca de mí.
Estar a tu lado me hace feliz y tú me haces querer ser una buena persona. Eres lo más inesperado que me ha pasado en muchísimo tiempo. Generalmente no me agradan las cosas inesperadas porque me tensan, pero tú me gustas muchísimo, te amo y me das paz…estoy realmente enamorado de ti y no podía esperar más para decirte eso…ah! Y quería hacerte una pregunta más ¿quieres estar conmigo?
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