viernes, 19 de junio de 2009
La primera para ella
Finalmente llegó la adolescencia, finalmente era libre para hacer lo que quisiera, para liberarme. Comencé a experimentar nuevas cosas, comencé a buscar esa felicidad que tanto quería. No puedo negar que me divertí mucho, pero creo que solamente conseguí chispazos de felicidad, nunca llegué realmente a sentirla. Pasaron los años y más o menos a los 18 años me rendí, dejé de buscar la felicidad, había comenzado mi fase pesimista de la vida. Sentí que la felicidad era inalcanzable, no solamente para mí, sino que era inalcanzable para todos. Pero algo tenía que haber, algo, cualquier cosa, si la felicidad no era posible algo más debía existir. Llegué a la conclusión de que de repente solo tenía que conformarme con la búsqueda y nunca con conseguir la felicidad. Me resigné a no ser feliz nunca y a conformarme con un proceso de búsqueda de algo que no se podía encontrar. Podía reírme mucho, estar alegre en un momento, pero la felicidad era otra cosa, para mí la felicidad tenía que ser algo más, algo irreconocible, algo único que yo no sentía en ese momento. Resignadamente, pensé que jamás la sentiría y, aunque me parecía tristísimo pensar así, no podía pensar de otra manera. Sin embargo, hace unos meses, muy pocos meses en verdad, algo pasó ¿tienes idea de lo que pasó?
Yo siempre he creído que, a pesar de que todos digan lo contrario, no soy una buena persona. No tengo ni la menor idea de qué es eso que me hace sentir así sobre mí mismo, pero es lo que siento. Para mí una mala persona solo puede ser calificada así por el daño que le hace a alguien más, pero a nadie le he hecho daño. He llegado a pensar que de repente al único al que le hago daño es a mí, como si yo solo me hundiera y, la verdad, no me importa mucho hacerme daño a mí mismo. Sé que debería importarme, pero no es así, es como si no valiera la pena cambiar para hacerme un bien a mí mismo. Sin embargo, nuevamente, hace unos meses, pocos meses, algo pasó ¿tienes idea de lo que pasó?
Te he hecho dos veces la misma pregunta: ¿Tienes idea de lo que pasó? La respuesta es sencilla, lo que pasó fue que te conocí y no pudo haber sido en un mejor momento.
Las personas se pasan la vida entera tratando de hacer cosas espectaculares que les hagan conseguir la felicidad y no lo logran. Yo traté de hacerlo y tampoco lo logré. Sin embargo, a veces las cosas se encuentran en donde menos te las esperas. Las puedes encontrar caminando, hablando, tomándole la mano a alguien más y en cosas simplísimas que son las que abundan en la vida. Es como si tuviéramos un millón de oportunidades para llegar a ser felices y no aprovecháramos ninguna, lo que es un desperdicio total. Te conocí y me di cuenta de eso. Yo puedo ser feliz caminando al lado de alguien, conversando con alguien y tomándole la mano a alguien. Todas estas son actividades que aprendí siendo muy pequeño. Quiere decir que ya desde pequeño tuve la oportunidad de ser feliz y no la aproveché por no hacerle caso a la simpleza y por buscar la complejidad que siempre buscamos los “adultos”. A veces creo que me arrepiento de haber deseado tanto crecer, pues ahora me doy cuenta de que yo puedo ser feliz haciendo exactamente las mismas cosas que hacía cuando era un niño pequeño…yo soy feliz caminando, conversando y tomándole la mano a alguien…yo soy feliz caminando a tu lado, conversando contigo y tomándote de la mano…
Yo quiero ser una buena persona y si ya lo soy, quiero sentirme como una buena persona. Quiero cambiar lo que sea que me haga sentir lo contrario. Quiero eliminar esa parte que me hace tanto daño ¿quieres saber por qué? Yo sé que no le hago daño a nadie, pero quiero eliminar hasta la más mínima posibilidad de que eso que me hace daño le haga daño a alguien más. Quiero hacer todo lo que sea necesario para evitar que esa parte que no está bien te haga daño porque yo no quiero hacerte daño. Lo que yo quiero es tratar de hacerte un poquito más feliz, lo que yo quiero es cuidarte y conservarte tal y cómo eres, una muy buena persona que despierta en mí las ganas de ser alguien mejor porque solo así podré estar más cerca de ti, porque solo así puedo hacer que estés más cerca de mí.
Estar a tu lado me hace feliz y tú me haces querer ser una buena persona. Eres lo más inesperado que me ha pasado en muchísimo tiempo. Generalmente no me agradan las cosas inesperadas porque me tensan, pero tú me gustas muchísimo, te amo y me das paz…estoy realmente enamorado de ti y no podía esperar más para decirte eso…ah! Y quería hacerte una pregunta más ¿quieres estar conmigo?
Todo le hace feliz
Siente un cariño especial por su sobrina, no tiene idea de donde salió un ser capaz de expresar tanto en medio de una familia que no suele expresar mucho. El la observa mientras juega y no puede evitar sonreír mientras piensa que las cosas no pueden ir tan mal como el solía creer. Si las cosas fueran como el creía antes, no hubiera forma de que una niña fuera tan feliz. Como ya dije, no puede evitar sonreír mientras ve a la niña corriendo, moviendo sus trencitas y cayendo al suelo sin llorar, es como si el estuviera experimentando todo eso nuevamente. La niña corre hacia él y le abraza sin una razón, él ya había olvidado la última vez que hizo eso, abrazar a alguien sin una razón específica.
Es la hora de almuerzo y todos están en la mesa, toda la gente a la que él quiere, bueno, casi toda. Hace mucho tiempo que no sucedía algo así, hace mucho tiempo que no se reunía con tantos familiares sin sentirse incómodo, sin sentir que no aguantaba a alguien. Qué diferencia, incluso conversa con ellos, tal vez cosas irrelevantes, pero no le importa, sabe que probablemente sea una de las últimas veces que lo hace, porque, la verdad, todos hacen esto por esa persona que pronto no va a estar con ellos y que es, probablemente, el único lazo que les mantiene unidos. De todas formas disfruta del momento y, la verdad, ¿por qué no hacerlo? Todos y cada uno de ellos han sido partícipes de algún momento importante en su vida y ahora los tiene a todos juntos en un mismo lugar.
Se acaba el almuerzo y regresa a su casa, son casi las 7 de la noche. Entra a su habitación y apenas abre su puerta ve una fotografía en la que el está junto a otra persona. Ha pensado en ella durante el día, pero en este preciso momento pensar en ella es lo único que hace. Hoy no la va a ver. Sin embargo, el hecho de que exista una persona en el mundo capaz de llenar el espacio que ella llena en esta etapa de su vida le hace feliz. El hecho de tener a alguien en quien pensar de la forma en que piensa en ella le hace sonreír una vez más. A pesar de que faltan varios días para volver a verla piensa “no importa, puedo esperar por siempre…tengo tiempo”. Solo está seguro de una cosa, la próxima vez que la vez, seguirá el ejemplo de su sobrina y, apenas la vea le dará un abrazo sin sentido y sin un razón específica. Cursilerías se le ocurren, toma su guitarra y toca una canción que nadie a escuchado pero que tiene una letra que en algún momento el escribió para ella. Algunas personas han leído esta letra, ella no, se llama “no me escucha” y, si bien solía ser un poco triste, ha dejado de serlo y ahora le alegra. Creo que en el fondo él espera que, de alguna forma, ella oiga esta canción mientras el la está tocando, aunque ella este muy lejos…físicamente.
Mientras la toca sus dedos sienten las cuerdas que alguna vez le hicieron sangrar. Tambien oye los sonidos que nadie más puede escuchar y se siente especial al ser el único en todo el mundo que esta interpretando las notas que el puede sacar. Toca otras canciones también, muchas de ellas no son suyas, son mas bien canciones que le hacen regresar a momentos anteriores que nunca fueron malos y siempre fueron buenos. Incluso se atreve a cantar y, aunque no lo hace tan bien, resulta escuchable. Se pasa casi 3 horas tocando canciones para nadie, aunque siempre son para alguien…generalmente alguien que no está.
Ya son casi las 10 de la noche y tiene un fuerte dolor de espalda, por lo que decide irse a dormir. Apaga todo en su cuarto menos el reproductor en el que ha puesto un disco de The Beatles a un volumen bajo. Se recuesta en su cama y mira el techo, recuerda todo lo que ha hecho en el día y se da cuenta de que ningún pensamiento triste le ha invadido. Una vez más comienza a pensar y se da cuenta de que esta en paz con el mundo entero y, sobre todo, consigo mismo. Se da cuenta de que en su vida hay cosas que recuerda, que perduran de igual o diferente manera, y otras que han aparecido en el camino que le han dado la tranquilidad que tanto buscaba y no puede evitar sentir otra cosa más que gratitud por todo, lo bueno y lo malo, por cada una de las personas que conoció, por las que le hicieron feliz, por las que le hicieron daño y por cada uno de los días que ha vivido, porque le han dado la oportunidad de darse cuenta de lo increíble que es su existencia y de lo feliz que puede llegar a ser por el simple hecho de estar vivo y a punto de quedarse dormido.
En una habitación (15/05/2001)
La extraño y siempre la he extrañado. Todo me dolía y todo me sigue haciendo daño. Absolutamente nada se siente bien y la sigo extrañando. Es algo que debo dejar de hacer y que sigo haciendo. No puedo creer que ella haya hecho lo que me hizo. Ella ha regresado allí, a su posición inicial, está en la ventana viendo estrellas. Yo sería muy feliz si ella no estuviera allí, pero hacerla desaparecer es imposible porque yo no quiero que se vaya. Me duele todo lo que me dice y sé que le duele todo lo que le digo. Aún así no quiero dejar de oírle y ella no puede dejar de hacer lo mismo. Es más, quiere meterse en mis problemas, quiere solucionarlos, quiere arreglar todo lo que siento está mal, incluso ella quiere cambiar. Ya es muy tarde, yo cambié primero y si ella cambiara nuestra combinación sería dos veces más mala de lo que era antes y una vez peor de lo que es ahora. La veo junto a la ventana y siento que la quiero demasiado.
Las luces están apagadas pero me gustaría encenderlas para que pudiera ver lo que me está haciendo. Tiene que ver mis lágrimas porque son su responsabilidad. No, no debe ver mis lágrimas porque eso la llevaría acercarse a mí y yo la quiero lejos. No la quiero en un mal lugar, la quiero en un lugar difícil para que no se le haga fácil la salida y así regresar a mí. Aún así la quiero y se que ella me quiere, pero no soporto ver como está allí sentada junto a la ventana viendo estrellas.
Me hago el dormido para que no se me acerque, pero ella igual lo hace. Trato de desaparecer para que no me encuentre, para que nadie me encuentre, pero ella siempre sabe en qué lugar estoy. No necesita ayuda de nadie, tan solo se levanta, da unos pasos y ya me tiene delante de ella. Hubo un tiempo en que eso era perfecto, pero ahora no. Todo está mal y nada es como debería ser. Estoy viendo como se levanta y camina, deja de estar junto a la ventana, ella no debería estar cerca de mí, no debería estar aquí, mejor dicho, nuca debí yo haber venido aquí. Sigue creyendo que con su presencia toda mi confusión desaparece y por eso me invita a venir. Mi presencia en esta habitación es mentira, yo no quiero estar aquí y ella lo sabe, pero dice que yo sí quiero estar ahí y tiene razón. Es como si no me oyera, como si yo no pudiera hablar, como si yo no escuchara lo que ella quiere expresar.
De pronto la habitación se vuelve ordenada nuevamente y nosotros nos vemos como cualquier otra persona nos podría ver. No soporto la manera en que ella se quiere despedir de mí pues ya está amaneciendo y ya me tengo que ir. No aguanto como me abraza o como pretende besarme como si todo estuviera bien. No puedo creer como yo la beso y le sonrío mientras que por dentro quisiera no haberla conocido. Realmente yo la quiero pero no soporto verla junto a mí.
No más esta condición
Hay 2 maneras para que yo termine en el suelo: La primera es agacharme y posar mis rodillas sobre la tierra, lego mis manos y, finalmente, el resto de mi cuerpo. Este tipo de caída se caracteriza por la suavidad. La segunda manera es tropezarme, este tipo de caída se caracteriza por la violencia de la caída y el dolor que esta causa…por algún motivo yo prefiero la segunda.
Tengo esta tendencia a estrellarme contra todo tan solo porque quiero…y estoy empezando a creer que ya es hora de hacerlo una vez más. Hoy es un día nublado y frío, me siento más lúcido que nunca y, por alguna razón, no aguanto más mi estado actual, quiero regresar al suelo, quiero dejar de correr silbando por este amarillo camino, quiero regresar al suelo. Quiero dejar de sonreír, quiero dejar de escribir y estar así, feliz, ya ha sido demasiado tiempo y necesito caerme (tropezarme, chocar contra) el piso.
Sé que hasta ahora suena como si la caida fuera algo placentero para mí, pero es todo lo contrario, no se siente nada bien. Estar así, sentirse mal, encerrarse, querer estar solo, quedarse callado y estar todo el tiempo como “casi llorando”. Caminar como si estuviera cargando una pesada carga, eso no puede ser bueno. Dormir demasiado, no hacer lo que tengo que hacer y no querer hacer nada, pelear con todos, convertirme en un paria de nuevo y hacerme, por un tiempo, realmente desdichado.
Que extraño es querer caer violentamente, de un dia para otro y sin ninguna razón (¿Por qué mientes? Ya encontraste una!). La verdad es que ya hay una razón y, aunque no la creo y se que es verdad, es mi razón para caer. La verdad, la única verdad, es que me muero por estar triste.
No puedo creer que hayan vuelto esas ganas que solían venir cuando estaba en un cuarto piso y mirando hacia abajo. Es la prueba de que yo puedo cambiar de un día para otro. Por algún motivo que sí entiendo y que no quiero decir, esa prueba me averguenza mucho. Esas ganas de dejarme caer que hace tanto tiempo no sentía y que, la verdad, tampoco extrañaba, ha regresado. Yo no quiero estar triste, pero siento que es hora.
Sí, que idiota debo ser para querer algo así pero, ¿Qué puedo decir? A veces necesito hacer todo lo posible para que venga alguien a levantarme del suelo
¿En qué pensaba?
Hace unos días me puse a pensar, sí, una vez más, creo que tenía ganas de pensar acerca de cualquier cosa para distraerme y no pensar en ella. Busqué temas,busqué mucho, demoré pero lo logré. Se me vino una pregunta a la cabeza: ¿En qué pensaba yo antes?¿En qué pensaba cuando no pensaba en ella? Esta pregunta en sí misma no cumple con el objetivo que me había llevado a pensar en un primer momento, pero me dí cuenta de que jamás me había preguntado eso antes y que ninguna respuesta se me ocurría.
Veamos, ¿que hacía hace un año? mmm...estudiaba la misma carrera que ahora (dato obvio). El trabajo que llenaba el ciclo era el de experimental y despues de ese el de Pruebas. Mi participación en ambos trabajos fue activa (menos en las partes estadísticas) pero de todas formas, no recuerdo en ningún momento haber estado sentado en un bus mirando hacia afuera a través de la ventana pensando en cómo mejorar el trabajo. Recuerdo que ya la conocía, bueno, no la conocía exactamente, pero sabía quién era ella. Sin embargo, no la tenía siempre presente, creo que tan solo las pocas veces que la tenía al frente.
Recuerdo que hace un año comenzó una etapa de gran inspiración en lo que se refiere a la música. Tocaba guitarra y las canciones simplemente salían. Hace un año y por 3 meses, no hubo semana en la que no creara 3 o 4 canciones, fue una época muy productiva. Sin embargo, no recuerdo haber estado en clase pensando en notas musicales, en como mejorar o qué efectos en una determinada canción. Mis distracciones en clase no guardaban relación con eso.
También recuerdo que hace un año se me vinieron ganas increibles de hacer cosas nuevas, meterme a cursos para aprender cosas diferentes. No lo hice hace durante el año, lo hice mas bien en vacaciones. Pero tampoco recuerdo haberme pasado horas de horas durante el ciclo buscando un curso que me pudiera interesar o yendo a lugares buscando actividades que me pudieran llenar.
Hace un año también volví a escribir cosas en mi cuaderno...no, la verdad en los 9 cuadernos que llevo usando en toda mi etapa universitaria hay cosas escritas que no tienen nada que ver con las clases. Digamos entonces que hace un año comencé a hacerlo por gusto y no para distraerme. Quizás ahí encuentre una respuesta a mi pregunta inicial.
Encuentro temas relacionados a la soledad que ya no quería y encuentro pequeños personajes que tienen características particularmente inusuales. Encuentro un pequeño cuento (1 hoja de cuaderno grande) que habla de encuentros inesperados, no habla de personas, simplemente de encuentros. Encuentro otro papel en el que las cosas que no deberían pasar finalmente llevaban a un bonito final (digamos mejor a una bonita circunstancia). Leo cosas que he escrito en las que encuentro frases que ahora son comúnes porque las he llevado a la realidad. Encuentro un borrador de lo que tiempo después sería la pequeña Lucy, aunque sin exageraciones. Encuentro tantas ganas porque alguien llegara...He encontrado la respuesta que buscaba.
Cuando no pensaba en ella porque todavía no la conocía, pensaba en alguien como ella a quien quería conocer....